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El tuning barroco y como lo vemos ahora

El tuning barroco y como lo vemos ahora

Lo que antes nos creaba admiración, ahora nos hace salpullidos en la piel. El tuning de los 90 se resiste a desaparecer.

Fibra, mucha fibra, con más fibra que el All-bran de Kellogg’s. Esa era la moda del tuning en su época dorada, cuando molaba más tener un Ibiza «to makeado» que un Porsche 911 de serie. Pero no es fibra todo lo que reluce, no podemos olvidarnos de las llantas cromadas y enormes, las pinturas iridiscentes y casi radioactivas, los alerones «apoyacubatas», las pegatinas y como no… nuestras queridas luces de neón.

Si llevas poco en esto de los coches, aunque te resulte digno de capítulo de Cuarto Milenio, antes del Stance, el Racing, y todas esas modificaciones que se etiquetan con un nombre raro, estaba el Tuning de toda la vida. El casero, que era el más «guarrete» y los que se dejaban el sueldo y lo hacían bien, teniendo en cuenta que la palabra «bien» es muy relativa y depende del buen o mal gusto que tuviese el propietario.

Desde aquí aclaramos que no tenemos nada en contra del Tuning, ni del actual ni del pasado, pero si nos gustaría alertar de que cuando algo es feo, es feo y no hay más. Que el dueño lo verá precioso, pero es como cuando te pones ropa que te queda muy mal y antes de salir de casa tu pareja de dice «Cari, donde vas así, ¡quítate eso anda!».

El Tuning de los 90, el Tuning Barroco que se dice ahora, fue impresionante a nivel internacional, con unidades que podrían guardarse como piezas de museo. En España también estuvimos al nivel, con muchos premios otorgados a coches nacionales que curiosamente, no podían circular por nuestro país por cuestiones obvias. Una de las razones era aquello de poner una moneda de 100 pesetas en el suelo y no cabía debajo del faldón delantero. Si aquel coche iba peinando hormigas a su paso, imaginad si circulase por nuestras espléndidas vías libres de baches…. y luego despertad del sueño, en España siempre tendremos baches.

En conclusión, y sin sentirlo mucho en mi corazón, puedo decir que el Tuning iba de hacer todo cuanto más extremo mejor. El coche que más sordo te dejaba con su equipo de audio, el que más te irritaba la retina con su pintura, el que menos le entraban las llantas que montaba, y el que más se pareciese a Pachá Ibiza por su iluminación. No voy a entrar en detalles con aquellas líneas de 12 colas de escape, o los tapizados de vaca con pelusilla, porque vamos a centrarnos en el Tunnig que no salía en las revistas, el casero, el guarro, el cutre.

Porque ese Tuning mola, es el que se hace porque lo sientes de verdad, cuando ese es tu mundo pero te falta algo muy importante. La pasta. Y luego pasa lo que pasa… injertos de parachoques de desguace, masilla por todas partes, las típicas «cejas» de los faros, rejilla que no falte y cristales tintados. Los más cracks usaban sus propias tuberías para hacerse escapes que acababan descolgados.

Poco tiene que ver el Tuning de antaño con el actual, mucho más discreto y sin demasiadas extravagancias. De hecho, se siguen celebrando habitualmente concentraciones Tuning con mucho éxito en nuestro país en el que se dan cita multitud de coches con modificaciones muy vistosas y originales, muy lejos de las personalizaciones de las que hemos estado hablando.

Pero basta de risas, porque estas personas, propietarios de coches Tuning, desde los más espectaculares y bonitos hasta los más cutresalchicheros, son amantes de los coches y del motor como todos nosotros y merecen nuestro respeto. Siempre podemos hacer una crítica con más o menos dosis de humor, pero sin duda, forman parte de todas las variantes del motor de las que podemos disfrutar.