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Prueba Motoguzzi V9 bobber, deportividad y rebeldía

 

La custom deportiva de la marca italiana.

Si hablamos de Moto Guzzi nos viene a la mente un diseño italiano diferente en custom. La localidad italiana de Mandello del Lario alberga la fábrica de Moto Guzzi, dividida en dos, la nueva y la vieja, donde la tradición se da la mano de la tecnología, y es que 95 años de historia dan para mucho. En estos dos últimos años han salido de sus cadenas de montaje diez modelos diferentes y las dos últimas motos en bajar de ellas han sido la V9 Roamer y la V9 Bobber. Una nueva nomenclatura para abrir un nuevo mercado con estilo propio. Estas dos cruisers vienen equipadas con el nuevo motor de 853cc en V a 90º refrigerado por aire, cigüeñal longitudinal en el sentido de la marcha y transmisión por cardán. Nuestra prueba ha sido con la V9 Bobber.

¿Qué es ‘Bobber’?

Antes de entrar en materia, vamos a analizar que significa la palabra ‘Bobber’ que muchos no sabrán lo que es. Esta moda viene directamente de Estados Unidos, donde se popularizó entre los  años 50 y 60. La palabra viene de ‘Bob’ que significa que algo es corto, y eso aplicado a las motos serían motos custom pero aligeradas a tope de peso con todos las triquiñuelas posibles como asientos minimalistas, depósitos pequeños, guardabarros minúsculos o ruedas grandes.

Esta moda no tardó en cruzar el charco y se extendió bastante, de ella han salido auténticos artistas del metal para hacer unas motos increíbles que llaman mucho la atención.

Una Bobber del S.XXI.

La Moto Guzzi V9 Bobber nos muestra un estilo canalla, desenfadado y deportivo. Cuanta con un manillar plano ‘drag-bar’ con unas elegantes piñas que esconden un faro grande redondo con una esfera de cuadro de mandos. Esta Bobber monta unas llantas de 16 pulgadas con un neumático ‘gordo’ de 130/90 delante y 150/80 detrás. Este diseño le da un aspecto rocoso que, junto a su enorme corazón en V de 90º, forma un conjunto llamativo.

Su decoración oscura con una franja naranja en un depósito minimalista le confiere ese aspecto de ‘malote’ tan característico. Su posición no es tan cómoda como parece a primera vista, el asiento es fino y se notan las irregularidades del terreno. Para terminar este repaso, los escapes de color negro salen del precioso motor por debajo hasta la zaga minimalista.

La distancia al suelo de la Bobber se queda en los 770 mm y para la báscula en 199 kg, siendo una de las más ligeras de su segmento. Por ejemplo, la Harley-Davidson Sportster 883 Iron se va a los 251kg, mientras que la Indian Scout pesa 258kg.

Un corazón con mucha fuerza.

Sin duda esta Moto Guzzi V9 Bobber se caracteriza por su motor, un V-twin de 853cc que rinde 55 cv de potencia y 65 Nm de par entre las 2.500rpm y las 6.500rpm. Giramos la llave y apretamos el encendido, el motor cobra vida con una sacudida lateral como ocurre en los motores bóxer (me pasa por la cabeza la BMW R NineT). Este motor se adapta a la normativa EURO 4 y, gracias a ello, la marca italiana declara unos consumos contenidos con un depósito de 15L.

Las palpitaciones típicas de la marca italiana están presentes en todo momento y llega asociada a una transmisión de seis velocidades de recorrido largo para las autopistas y con un embrague monodisco en seco reforzado. La fuerza se transmite al asfalto por cardán, encontrándose desplazado hacia la derecha para dar cabida al neumático ‘gordo’.

Sus caballos vienen domesticados con un poco de electrónica, el control de tracción llama a la puerta cuando abres el gas y es bastante intrusivo, aunque con apretar tres segundos un botón se puede desconectar. El MGTC tiene dos modos, uno para lluvia y otro menos intrusivo.

Las suspensiones tienen barras de 41mm delante y un doble amortiguador en la parte posterior con recorridos de 130 y 97mm respectivamente. Para parar a esta V9 Bobber se ha confiado en Brembo con un disco flotante de 320mm con 4 pistones en la parte delantera y 260mm con dos pistones en la trasera; una frenada efectiva sobre el papel y con ABS.

De la carretera al «vermut».

Después de quedarnos ‘embobados’ solo con mirarla, llegó la hora de subirnos a la V9 Bobber y disfrutar. El manillar ancho y plano con una ligera curva al final sumado a su asiento bajo y unas estriberas adelantadas, nos dan ese aspecto de que somos los amos del mundo, aunque en realidad esa postura es poco ergonómica y nos hará parar más de una vez en nuestra ruta.

Mido 1.84cm y las piernas me tocan en la protección de la culata, al principio no molesta pero al llevar un tiempo se hace un poco pesado, igual que el asiento al tener tan poco mullido. Pero este pequeño sufrimiento tiene premio al ver tu reflejo en los cristales y la gente mirándote, para eso es una bobber. Su peso es una gran baza respecto a su competencia, se nota ligera y fácil de domar, todo lo contrario que muchas Harleys, Indian o Victory.

Salimos de la ciudad, donde su amplio radio de giro ayuda mucho a circular, pero al calentarse en estos días de calor el motor emana su aire caliente para tus piernas y se hace un poco molesto, aunque no le puedes pedir más porque lo llevas literalmente entre ellas. Aquí las suspensiones se notan, aun siendo blandas, el poco mullido del asiento hace que notemos todo pero con suavidad al ir a baja velocidad.

Por fin, salimos a carretera abierta, primer tramo revirado. Mi mente me transporta a la época de las guerras americanas, cuando los soldados descubrieron las bondades de las motos ligeras por los campos de batalla. El aire me toca la cara y todo el cuerpo debido a la nula protección, pero me da igual, el par del motor en bajos es notable aunque un poco brusco debido al cardán. Los frenos responden con energía y te hace coger confianza para apurar la frenada, todo un acierto haber apostado por Brembo. El neumático que llevamos no está pensado para ir de tramo, sino para disfrutar de cada kilómetro con un estilo de vida diferente; como mi amigo Javi me dijo, “la vermutera”.

Llegamos a la cima del puerto para contemolar las vistas, con una pequeña molestia en la espalda debido a mi altura y al manillar. Hemos rascado un poco las estriberas al subir, normal dado la configuración de la V9 Bobber. Al bajar iremos un poco por autopista, aunque ya conocemos cómo irá.

Los pensamientos son acertados, el viento molesta bastante y su postura no ayuda en este caso. Su motor es fuerte y enérgico, va realmente flotando por la autopista. Si no superamos los 100 km/h, podemos ir medianamente bien, pero si roscamos el gas, la cosa cambia.

Explicaremos un par de detalles; nos acercamos a una gasolinera a llenar el depósito y mi sorpresa fue que el tapón no tenía llave, es todo un error porque en las grandes ciudades ya sabemos cómo se las gastan algunos indeseados. La otra anécdota es que a veces le cuesta entrar el punto muerto y tienes que engranar y desengranar marchas para encontrarlo.

Conclusión.

Esta Moto Guzzi V9 Bobber nos ha dejado dos cosas claras. Los 95 años de historia de la marca se notan y su estilo se hace notar. La marca italiana ha dejado detalles que hacen de esta bobber una moto bella a su paso y, junto a su motor, hacen de ella la ‘mala’ de la clase. Pero su estilo bobber la hace un poco inóomoda y su cardán se muestra un pelín brusco.

Quitando los dos detalles que hemos comentado antes, es una moto que nos ha gustado en líneas generales y es un buen punto de partida para nuestras pruebas porqué en breve dispondremos de la Triumph Boneville T120.

Su precio de salida es de 10.799 € y está disponible en dos colores, negro o gris, con bandas sport sobre el depósito y guardabarros. Moto Guzzi dispone de un catálogo de personalizaciones a medida del cliente que os dejamos aquí.