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Prueba Mercedes-AMG SL 63, la bella y la bestia

El Mercedes-AMG SL 63 nos ha dejado entusiasmados. Es una obra de arte de la ingeniería con una potencia bestial, una estética bella, un cielo como techo y un interior de gran calidad.

Normalmente las pruebas de coches son casi siempre de aquellos modelos que más vemos por la calle ya que en definitiva nuestra tarea es informar al usuario de las bondades y contradicciones que tiene ese vehículo en concreto. No obstante, y como parte del trabajo, a veces nos toca probar coches poco comunes pero que ponen esa nota de sonrisa e ilusión en nuestras caras.

El caso que nos ocupa hoy es de ese último apartado y ya os adelanto que tras probarlo creo que puedo morir en paz. En efecto, durante una semana tuvimos en nuestras manos todo un Mercedes-AMG SL 63, una barbaridad de coche con una potencia inaudita y una clase envidiable, sin duda el mejor actor para protagonizar el reparto de papeles en “La Bella y la Bestia”.

Elegancia AMG

El renovado Mercedes-Benz SL lleva en nuestro mercado desde abril del pasado año y su imagen se asimila mucho a todo el diseño que viene haciendo la firma de la estrella desde que presentara la última generación del Clase A por aquel entonces 2012 con aquella frase de ‘algo está ocurriendo en Mercedes-Benz’ que auguraba un cambio en la historia de la marca. Y así fue, el Clase A solo era el inicio de un recorrido que todavía hoy sigue firme con un lenguaje de diseño muy claro y que se va repitiendo de una forma u otra en todos los modelos de la gama de la estrella.

Sin duda, el Mercedes-AMG 63 SL es uno más de esa familia y mires por donde lo mires desprende un binomio de elegancia y deportividad único. De frente recuerda, y mucho, al AMG GT con un morro agresivo, de perfil bajo y con un capó alargado. En medio y en la parrilla frontal predomina el símbolo de la estrella y a su izquierda y en un tamaño más reducido las siglas AMG que lo identifican como tal. En el paragolpes delantero, específico para el AMG con un acabado cromado en la parte inferior, las entradas da aire toman protagonismo ya que resultan esenciales para refrigerar su corazón V8 Biturbo que se esconde bajo un capó infinito y con también dos pulmones, uno a cada lado.

Vestido con un esmoquin gris selenita magno (extra de unos 1.800 euros), nuestro Mercedes-AMG 63 SL se planta al suelo con unas llantas multiradio de 19 pulgadas delante y 20” detrás, forjando un perfil lateral estilizado donde destaca el emblema de V8 Biturbo, la talonera específica y donde puede aparecer y desaparecer su techo duro retráctil ya que, por si andáis despistados, se trata de un descapotable que puede esconder su capota en movimiento hasta una velocidad de 40 km/h.

En la zaga destacan los enormes pilotos traseros que, igual que los delanteros, son de tipo LED. Además, el paragolpes es también específico AMG y esconde las cuatro salidas de escape, dos a cada lado, que emiten un sonido grave pero adecuado al modelo. Encima del portón, donde se esconde la capota, sobresale un alerón muy sutil que agudiza el estilismo del coche.

Un interior al que no le falta de nada

Pero si por fuera os gusta, no os perdáis el interior, es como estar en el salón de tu casa con un ambiente de lujo que no renuncia a la deportividad y a la más novedosa tecnología. Ya de entrada nos encontramos unos asientos de cuero Napa de color rojo calefactados, con ajustes eléctricos y que para más inri ofrecen una selección de masajes que te dejan completamente relajado. Además, ofrecen una sujeción lateral muy buena, por lo que en todo momento estás bien encajado en su puesto de conducción enfocado al conductor.

El tacto de todos los materiales es absolutamente exquisito, quizá no al nivel del Bentley Contiental GT Speed que probamos recientemente, pero sí un escalón por encima de lo que podrían ofrecer Audi o BMW. Además del cuero, nuestra unidad contaba con molduras en fibra de carbono, material que le da ese punto deportivo y, esencialmente, AMG.

Desde el puesto de conducción todo queda a mano con un volante deportivo y de radio corto, aunque achatado por la parte inferior, que ofrece un tacto muy bueno en conducción deportiva. Como elemento diferenciador del resto de la gama Mercedes-Benz, este SL 63 AMG tiene la pantalla integrada en la consola central, solución que hasta ahora no existía – eran como una tableta enganchada encima del salpicadero – pero que ya usan algunos de los lanzamientos más recientes como el Clase E. Debajo de la pantalla queda toda una zona de botones y ajustes del sistema multimedia y climatizador, algo que es completamente criticable ya que queda demasiado recargado y puede suponer un problema de concentración para el conductor.

Debajo de la consola central se sitúa la palanca de cambios automática con el diseño ya característico de la casa, así como el control para los modos de conducción y para la pantalla, la cual, por cierto, no es táctil. Detrás de todo eso, el Mercedes-AMG SL 63 alberga una zona donde poder guardar una gran cantidad de objetos. Respecto al maletero, ofrece una capacidad de 356 litros, aunque cuando descapotemos el vehículo se quedará en solo 235 litros.

La nota clásica la pone el reloj ubicado en el salpicadero, mientras que la curiosidad la encontramos mirando hacia arriba con el MAGIC SKY CONTROL, el cual ofrece la posibilidad de oscurecer o aclarecer el techo del coche, ofreciendo más o menos luz según nuestro gusto.

V8 Biturbo; la bestia

Hasta ahora hemos visto como es tanto por fuera como por dentro pero ya va siendo hora de hablar de lo que más nos ha entusiasmado, su corazón de 5.5 litros V8 Biturbo. Antes de empezar os tengo que reconocer que nunca había experimentado nada igual, nunca otro coche me había proporcionado tanta potencia pero no hablo de caballos, sino de par. En cifras, el Mercedes-AMG SL 63 ofrece 585 CV pero lo que es más espectacular son sus 900 Nm de par motor, una fuerza bruta que cuando pisas el acelerador te deja con una sonrisa un tanto maquiavélica.

Según los papeles, el 0 a 100 km/h lo hace en 4,1 segundos pero prometo que la sensación es de mucho menos. No pude cronometrarlo ya que en cada aceleración el coche me obligaba a estar pendiente de él, y es que a diferencia de otros, toda la potencia la transmite a las ruedas posteriores lo que, con el control de tracción desactivado, puede suponer un baile de humo de lo más elegante.

Gracias a su V8 Biturbo la respuesta es inmediata – más todavía con el modo de conducción Sport+ – y el motor nunca desfallece, a pesar de que los 900 Nm los entrega desde las 2.250 rpm hasta las 3750. Además, la caja de cambios automática de 7 velocidades multidisco bañado en aceite ofrece un cambio instantáneo que permite no perder ni una milésima de segundo, pudiendo jugar con ella en modo manual mediante las levas situadas detrás del volante, las cuales, siendo de un tamaño adecuado, son de muy fácil acceso para nuestras manos.

Aparentemente dócil

A simple vista el Mercedes-AMG SL 63 parece un coche de lujo más, de esos creados para que los más adinerados se paseen de un lugar a otro sin exigir mucho, pero este modelo va mucho más allá y no pretende quedarse estancado en ese estatus. Quiere salir, divertirse, ser un rebelde, y vaya si lo consigue.

Por ciudad no pasa desapercibido, a pesar de que no es tan llamativo como por ejemplo el AMG GT. Todo el mundo que lo ve se lo queda mirando, y los que no lo ven también ya que su motor y sus escapes ya se encargan de avisar. En este entorno urbano es llamativa la comodidad con la que se conduce, sobretodo con el modo Confort activado. El radio de giro es muy bueno y solventa con holgura sus “problemas” de anchura.

Pero, como ya podéis imaginar, no es un coche para una trama urbana y, como buen rebelde, pide a gritos que lo saquemos a pasear por una buena carretera revirada de montaña. Es allí donde saca a relucir todas sus bondades y donde conocemos de cerca la rabia con la que el V8 Biturbo hace despegar a este SL 63. Las rectas se las come como si nada y las curvas quizá le cuestan un poco pero al final las consigue sacar con nota.

Realmente su paso por curva no es tan rápido como seguramente lo sea en su hermano mayor AMG GT, pero sí que es cierto que en este aspecto ha mejorado mucho y, en parte, gracias al nuevo sistema Active Body Control que tiene como función inclinar la carrocería hasta un máximo de 2,65 grados hacia el lado interior de las curvas cuando el coche circula entre 15 y 180 km/h, por lo que asegura una mayor estabilidad y rapidez en esa situación, además de contrarrestar el efecto barca que podría producirse en un modelo de más de 1.800 kilos. De este sistema se encarga la suspensión, la cual es bastante seca con el modo Sport y Sport+. Aun así, y a pesar de las soluciones introducidas para mejorar la estabilidad, si buscamos el límite en una curva cerrada notaremos que tiende a irse de morro.

La dirección, por su parte, es completamente precisa y nos introduce en los giros de buena manera. Para llegar a ellos a la velocidad adecuada se encarga un sistema de frenos AMG de alto rendimiento de 390 mm delante y 360 mm detrás, los cuales tienen una mordida interesante aunque a veces se quedan algo cortos si queremos apurar realmente una frenada

Pero, no os voy a engañar, el Mercedes-AMG SL 63 no es fácil de conducir si se le buscan las cosquillas. Ante nosotros tenemos una gran potencia que se envía directamente al eje posterior y eso no es apto para todo el mundo. Hay que saber dosificar el gas, sino el sobreviraje se puede convertir en tu mayor enemigo. Aun así, ésta también es la gracia del coche, a diferencia quizá de los tracción total. Este AMG te permite más juego, pero también muchas más manos y eso me gusta ya que al final la conducción se resumen en sensaciones y la propulsión es ideal para ello.

Feliz como una perdiz

Sí, no os lo voy a negar, el Mercedes-AMG SL 63 nos ha dejado entusiasmados. Es una obra de arte de la ingeniería, no solo por su potencia, sino también por su dinámica. Además, le acompañan una estética muy bella, un cielo como techo y un interior de gran calidad. Pero claro, todo esto se paga y por eso el modelo parte de unos aproximadamente 193.000 euros, que se elevan bastante más si añadimos distintos opcionales como los que montaba nuestra unidad.

A favor

  • Exclusividad
  • Rendimiento del motor
  • Acabados

En contra

  • Precio
  • Algo de subviraje
  • Capacidad maletero

Galería Mercedes-AMG SL 63.