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Incivismo al volante, el pez que se muerde la cola

Incívico es una manera generalizada de decir que todos nos miramos nuestro propio ombligo, y esto también ocurre en el ámbito del motor.

Mi abuela me decía que el ombligo sirve para guardar las pelusillas de los jerseys, y mirar nuestro propio ombligo y no ser respetuosos y amables con los demás, es algo que parece ser uno de los valores que más se está arraigando en nuestra sociedad.

Uno de los casos más criticados, en los que evidentemente hay opiniones para todos los gustos, es el hecho de que las gasolineras estan cambiando las mangueras de aire a presión por paneles donde podrás inflar tus neumáticos pasando previamente por caja.

Tras preguntar a nuestro «gasolinero» de confianza, nos indicó que el dueño estaba cansado de reponer boquillas día tras día, de mangueras pisadas y cortadas, además del evidente mantenimiento del compresor.

«Ahora por lo menos les dolerá tener que pagar si quieren estropear la manguera» me dijo. Lo cierto de todo esto es que ahora pagaremos todos por el incivismo de algunos.

Los atascos de tráfico es el punto de reunión por excelencia de las personas incívicas. Todos tenemos la misma prisa por llegar a nuestro destino, pero después de más de 30 minutos guardando cola tras ese camión que te está llenando de carbonilla los filtros cada vez que avanza dos metros, decides guardar algo de distancia para alegría de tus pulmones y llega ese coche maldito que acaba de incorporarse y ha apurado hasta el arcén para meterse delante tuyo.

Es el mismo que se cambia de carril 30 veces cuando se percata de que la otra fila va más rápida. No se si os pasa lo mismo, pero a veces me gustaría tener ruedas que sacan pinchos como en las películas, solo para estas personas.

En estos casos hay una variante que viene a ser el otro extremo de la historia. Os pongo en situación si imaginamos una carretera de dos carriles para el mismo sentido y en un punto, se estrecha y pasa a un único carril. Pues sí, hay ciertos conductores que se convierten en auténticos justicieros (supongo que tan solo bajo su punto de vista) y que bloquean el carril que desaparece varios cientos de metros antes para evitar que lleguen esos «listillos» que se cambian de carril a última hora. Bueno, no está mal si estamos cerca del estrechamiento, pero en algunos casos es excesivo, provocando todavía una mayor saturación de la carretera.

El que vive cerca de un paso de peatones sin semáforo desafía a la muerte a diario. Esta gente tiene el testamento hecho desde muy jóvenes sabiendo que cualquier día aparecerán en las esquelas del periódico. Recordamos que en los pasos de cebra, los peatones tiene prioridad, y muchas veces nos pasamos la prioridad por el forro… Ya no hablamos de un conductor incívico, sino de una práctica peligrosa.

Menos peligroso pero igual de irritable es la actitud de algunos conductores en referencia a otros coches y conductores. Lo vemos a menudo en nuestro entrañable grupo de Facebook de Adictos a la Gasolina, en el que pones una foto de tu flamante vehículo, el amor de tu vida sobre cuatro ruedas, y aparece esa persona que llega para dejar una perla y se va. Por suerte son pocos, y cada vez menos gracias a los administradores.

«Vaya mierda de coche, eso solo sirve para quemarlo», «ese coche no lo quiero ni regalado», «pues es más feo que pegar a un padre» son algunas de las aportaciones de estas personas que no te costaría nada imaginártelas quitándole una piruleta a un niño pequeño y disfrutar mientras lo ve llorar.

A veces echo de menos el compañerismo que se tienen generalmente los moteros, algo que envidio para el resto de ámbitos del motor. Pero no basta con eso, hay que concienciarse: en cualquier momento, el afectado por un comportamiento incívico podrías ser tú, y no te gustará nada.